pequeños claros en el bosque, gran impacto

RESUMEN

Las pequeñas claros persistentes en los bosques tropicales provocan una pérdida significativa de biomasa forestal

Las investigaciones más recientes publicadas en Nature muestran cómo incluso pequeñas claros y la fragmentación del bosque pueden causar pérdidas de carbono y biodiversidad mucho mayores de lo previsto, alterando el microclima y debilitando todo el ecosistema. No solo cuenta la cantidad de bosque perdido, sino su integridad. El enfoque de Foreste per Sempre OdV, basado en la recuperación de áreas degradadas por pastoreo, incendios y talas, demuestra ser especialmente eficaz: restaurar estos «vacíos» significa reforzar la resiliencia del bosque y su papel en la lucha contra el cambio climático. En Costa Rica, en la Reserva Karen Mogensen, este compromiso se traduce en acciones concretas de regeneración y protección. Apoyar la adquisición de nuevas áreas para recuperar es hoy un paso fundamental para ampliar este impacto positivo.

Pequeños claros que causan grandes daños, las heridas invisibles que aceleran la crisis de los bosques: qué nos dice la ciencia y por qué nuestra labor es aún más urgente.

Cuando se piensa en la deforestación tropical, el imaginario colectivo evoca grandes operaciones de tala, vastas llanuras desnudas en lugar de bosques milenarios, paisajes transformados en pocos meses. Imágenes satelitales de fronteras agrícolas que devoran kilómetros cuadrados de bosque virgen. Sin embargo, la ciencia nos revela una historia más sutil y, en cierto modo, aún más preocupante. Un estudio recién publicado en Nature por un equipo internacional de investigadores arroja nueva luz sobre un fenómeno a menudo pasado por alto: los pequeños claros persistentes, esos que nadie menciona en los periódicos, pero que están erosionando silenciosamente el patrimonio forestal del planeta. Incluso los pequeños claros, fragmentos aparentemente marginales de bosque degradados o convertidos, tienen un impacto mucho mayor de lo que se pensaba.

El estudio, dirigido por Yidi Xu y colaboradores, analizó la dinámica del carbono almacenado en los bosques tropicales húmedos entre 1990 y 2020. El hallazgo es sorprendente: los bosques tropicales húmedos han perdido en conjunto unos 15.600 millones de toneladas de carbono en la biomasa aérea —una pérdida neta enorme, impulsada principalmente por pequeños claros de deforestación persistentes. Aunque los pequeños claros por deforestación (menores de 2 hectáreas, a menudo relacionados con agricultura familiar o pastoreo extensivo) representan solo el 5% del área total perturbada, son responsables de más de la mitad (el 56%) de las pérdidas de carbono. ¿Por qué un impacto tan desproporcionado? A diferencia de los incendios naturales o la tala selectiva, tras los cuales el bosque tiene cierta capacidad de regenerarse, estos pequeños claros tienden a mantenerse abiertos con el tiempo. El suelo se convierte en pasto o cultivo, impidiendo permanentemente el regreso del bosque y, con él, la reconstitución de su valiosa reserva de carbono y su biodiversidad.

En la práctica, una miríada de pequeñas talas, casi invisibles si se observan individualmente, sumadas entre sí, provocan una hemorragia de carbono y destruyen hábitats fundamentales con una eficacia mucho mayor que un solo gran evento de deforestación. Además, el estudio subraya que con el tiempo la deforestación se ha desplazado hacia bosques con una densidad de carbono cada vez mayor, empeorando aún más el balance. Es una llamada de atención que redefine las prioridades: proteger el bosque significa también, y sobre todo, cuidar estas heridas aparentemente menores.

Es una paradoja que invita a la reflexión. El enemigo de los bosques no es solo la gran deforestación industrial: es también —quizá sobre todo— la fragmentación capilar, la pequeña tala para hacer espacio a unas pocas cabezas de ganado, el fuego provocado para renovar el pasto, la tala selectiva que deja una herida abierta en la espesura del bosque. Estos pequeños vacíos, a menudo causados por pastoreo, incendios o talas selectivas, no se limitan a sustraer una porción de superficie forestal. Alteran profundamente el funcionamiento del ecosistema circundante. Los bordes del bosque quedan más expuestos al viento, la luz y la variación de temperatura, modificando el microclima y acelerando la pérdida de carbono almacenado en el suelo y la biomasa. Al mismo tiempo, muchas especies animales y vegetales, particularmente sensibles a las condiciones internas del bosque, desaparecen o se reducen drásticamente. Heridas pequeñas, casi invisibles desde arriba, que se multiplican y nunca cicatrizan, convirtiéndose en pérdida de carbono, de biodiversidad, de resiliencia climática.

Aquí es donde la acción sobre el terreno de Foreste per Sempre ODV se vuelve no solo relevante, sino absolutamente incisiva. Nuestros proyectos desde hace años se dirigen precisamente a la recuperación de estas áreas degradadas, que la ciencia señala como el punto crítico de la crisis climática y la pérdida de biodiversidad. No trabajamos en grandes monocultivos o latifundios industriales: nos sumergimos en el tejido fragmentado de los bosques, aquellos que han sufrido por pastoreo excesivo, pequeños incendios provocados o tala selectiva.

Nuestro compromiso en Costa Rica es un ejemplo emblemático. Allí, en la península de Nicoya, una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta, estamos regenerando precisamente esos pequeños claros que el estudio de Nature señala como prioritarios. Son áreas que desde fuera pueden parecer todavía «un poco verdes», pero que en realidad han perdido su estructura ecológica, la diversidad de especies, la capacidad de almacenar carbono y de resistir los estreses climáticos. Nuestros proyectos prevén la adquisición de parcelas de terreno degradadas, a menudo antiguos pastos, y las dejamos a la regeneración natural asistida, plantando especies autóctonas cuando es necesario. En pocos años, vemos regresar la vida: árboles que vuelven a crecer, capturando carbono a un ritmo sorprendente, y con ellos los animales, desde el pecari de collar hasta el puma, que reencuentran corredores ecológicos interrumpidos. Cada pequeña parcela que recuperamos no es un punto aislado, sino una pieza que recompone un mosaico vital, exactamente donde el daño es más sutil pero también más reversible.

Este es exactamente el territorio en el que opera Foreste per Sempre ODV con sus socios.

Los proyectos que llevamos a cabo, en Costa Rica como en otras áreas de intervención, no se dirigen a los grandes bosques intactos —esos, afortunadamente, ya gozan de cierta atención internacional. Nuestro foco está en las áreas degradadas, que la investigación científica señala hoy como el talón de Aquiles del sistema: las zonas devoradas por el pastoreo abusivo, recorridas por incendios repetidos, vaciadas por la tala selectiva. Son áreas que desde fuera pueden parecer todavía «un poco verdes», pero que en realidad han perdido su estructura ecológica, la diversidad de especies, la capacidad de almacenar carbono y de resistir los estreses climáticos.

En Costa Rica, donde estamos presentes con algunas de nuestras iniciativas más maduras, este tipo de degradación es especialmente común en los territorios fronterizos entre las reservas protegidas y las tierras agrícolas privadas. La presión del pastoreo extensivo y los incendios estacionales han dejado franjas enteras de bosque en un estado de degradación crónica: la cobertura arbórea existe, pero es discontinua, empobrecida, incapaz de desempeñar plenamente sus funciones ecológicas. Son exactamente los «pequeños claros persistentes» de los que habla el estudio de Nature: no ausencias totales de bosque, sino vacíos recurrentes que impiden la regeneración y amplifican las pérdidas de carbono y biodiversidad de manera desproporcionada con respecto a su extensión. La ciencia confirma que estos bosques en recuperación, si se protegen y se dejan crecer, pueden convertirse en un sumidero de carbono y biodiversidad extraordinariamente valioso. Cada hectárea recuperada no vale solo por sí misma: rompe el aislamiento de los claros, reduce los efectos de borde, permite que el bosque circundante respire mejor.

La ciencia nos dice que intervenir en estas pequeñas áreas tiene un efecto más que proporcional. Y nosotros tenemos la oportunidad de hacerlo todavía. En este momento, podemos dar un paso decisivo para la compra de una porción adicional de bosque degradado para anexionar a la Reserva Karen en Costa Rica, adquiriendo una nueva porción de bosque degradado destinada a la regeneración, gracias al compromiso de nuestro socio Asepaleco. Se trata de un área que refleja perfectamente el perfil descrito por la investigación: terreno ya parcialmente arbolado pero marcado por décadas de presión antrópica, con claros persistentes que impiden la recuperación espontánea y restan al bosque —y al clima— un enorme potencial. Son terrenos colindantes, hoy utilizados como pasto, que una vez regenerados se convertirían en un corredor biológico fundamental y un sumidero de carbono activo.

Para ello, necesitamos tu ayuda. Una donación a Foreste per Sempre no financia un proyecto abstracto: financia la compra de tierra real, la protección de ecosistemas concretos, el cierre de esas pequeñas heridas abiertas que, según la ciencia, pesan enormemente en el futuro de nuestro planeta. Cada contribución, grande o pequeña, se traduce en hectáreas sustraídas a la degradación y devueltas a la vida.

Puedes donar en nuestro sitio web y participar directamente en la expansión de la Reserva Karen. Porque a veces, como nos enseña esta investigación, son precisamente las pequeñas acciones —los pequeños claros cerrados, los pequeños bosques protegidos— las que marcan la mayor diferencia. 🤝 Dona ahora. ✨


Fuente científica: Xu et al., «Small persistent humid forest clearings drive tropical forest biomass losses», Nature, vol. 649, enero de 2026. DOI: 10.1038/s41586-025-09870-7