Las Almas de Cabo Blanco Reseña de Luca Lombroso
Las Almas de Cabo Blanco Lola Pereira…

Por Foreste per Sempre OdV
En los últimos años se ha hablado mucho de las ciudades inteligentes o smart cities, lugares donde la tecnología y la sostenibilidad deberían integrarse para mejorar la calidad de vida. Sin embargo, la verdadera inteligencia urbana no se mide por los sensores o los algoritmos, sino por la capacidad de una ciudad de reducir su impacto y devolver espacio a la vida.
A menudo hemos hablado del papel de los árboles urbanos, de la gestión del verde y de la necesidad de bosques y biodiversidad en la ciudad. Pero si buscamos el principal obstáculo para la renaturalización urbana, lo encontramos bajo el asfalto y el metal: el automóvil.
El coche se ha convertido en símbolo y problema de la ciudad moderna.
Un vehículo de más de una tonelada, usado la mayor parte del tiempo por una sola persona que pesa menos de una décima parte, y cuya eficiencia energética real es inferior al 30% — el resto se disipa en calor. Como escribió Ivan Illich en los años setenta, “el hombre moderno dedica más tiempo a su coche del que gana en libertad de movimiento.”
Más del 90% de los coches privados permanecen estacionados la mayor parte del tiempo, ocupando grandes superficies de suelo público y privado.
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, 2023), las infraestructuras viarias son una de las principales causas del consumo de suelo y de la fragmentación de hábitats urbanos, reduciendo la permeabilidad del terreno y aumentando el riesgo de inundaciones.
La verdadera movilidad “smart” no consiste solo en electrificar los coches, sino en repensar el concepto mismo de propiedad y uso.
La inteligencia artificial y la conducción autónoma permiten ya crear sistemas de transporte bajo demanda, en los que los vehículos compartidos se gestionan mediante plataformas digitales y se usan solo cuando son necesarios.
Proyectos piloto de car sharing autónomo ya funcionan en Singapur, Helsinki y San Francisco, mientras que en Europa la Estrategia Europea de Movilidad Inteligente (2021) y el Pacto Verde Europeo promueven modelos de movilidad como servicio, integrando transporte público, bicicletas, micromovilidad eléctrica y servicios compartidos.
Eliminar los coches aparcados de las calles y patios urbanos permitiría recuperar espacio para árboles, jardines y lugares de encuentro.
Imaginemos una ciudad donde, gracias a programas inteligentes, las personas puedan reservar un vehículo adaptado a sus necesidades, que después se aparca automáticamente en silos o garajes subterráneos.
Estos servicios podrían ser ofrecidos por autoridades locales o empresas privadas conveniadas, sustituyendo los gastos de propiedad por abonos mensuales accesibles a todos.

Reducir el espacio ocupado por los coches significa liberar las ciudades:
más zonas verdes, más rutas ciclistas, más plazas y lugares de socialización.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el acceso a zonas verdes urbanas mejora el bienestar psicológico, reduce el estrés y disminuye el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
Las verdaderas ciudades inteligentes son aquellas que eligen vivir con la naturaleza, no contra ella.
Caminar y pedalear siguen siendo los medios más inteligentes y sostenibles, mientras la tecnología puede ayudarnos a construir un nuevo equilibrio entre personas, entorno y movilidad.
“Una ciudad es realmente inteligente cuando pone la vida, y no las máquinas, en el centro.”
(Inspirado en los principios del Nuevo Urbanismo y del Pacto Verde Europeo)
Evidentemente, los desplazamientos interurbanos de larga distancia, junto con la gestión caótica actual de las mercancías, deberán apoyarse en soluciones de transporte alternativas.