A medida que comienza el nuevo año
2025: Retrocesos y Decepciones en la Lucha…

Durante décadas hemos aceptado la idea de que las finanzas son un mundo separado de la vida real. Un universo abstracto hecho de algoritmos, trading de alta frecuencia, derivados y beneficios instantáneos. Pero esa separación no existe: las decisiones tomadas en los consejos de administración de los grandes fondos de inversión influyen en lo que comemos, respiramos, consumimos e incluso en las guerras que se combaten en el mundo.
Según el World Inequality Report 2026, la riqueza global sigue concentrándose en manos de muy pocos actores. Grandes bancos y aseguradoras —controlados por gigantes como BlackRock, Vanguard, J.P. Morgan, UBS, Allianz— junto con fondos soberanos de Noruega, Arabia Saudita, China, Singapur y otros, administran billones de dólares. Un poder enorme que condiciona el mundo real mucho más que los propios gobiernos.
Sin embargo, estas finanzas especulativas —dinero que produce dinero— no responden ni a las necesidades de las personas ni a la protección del Planeta. Es más, a menudo las sacrifican. Cuando el mismo capital puede pasar de las armas a la sanidad, de los combustibles fósiles a la educación, de los pesticidas al turismo sin ningún criterio ético, significa que la vida cotidiana de miles de millones de personas depende de las decisiones de unos pocos actores financieros globales.
Es un paradoja cada vez más evidente: la economía real depende de un sistema financiero desconectado de la realidad, donde los futuros pueden influir en el precio del gas o del trigo, donde las ventas en corto generan volatilidad artificial, y donde los derivados pueden incluso poner en riesgo la estabilidad de los Estados.
En este escenario cada vez más frágil, se vuelve urgente replantear el modelo.
La respuesta ya existe y tiene un nombre sencillo: Finanzas Éticas — People, Planet, Profit.
Las Finanzas Éticas parten de un principio fundamental:
el beneficio es legítimo, pero no puede situarse por delante de las personas y de la naturaleza.
Significa apoyar actividades que:
El respeto por los seres humanos es inseparable del respeto hacia los demás seres vivos y hacia los entornos de los que dependemos. Bosques, océanos, suelos y ríos no son simples “recursos”: son infraestructuras naturales que sostienen la vida y la economía.
La ciencia económica confirma hoy lo que muchas comunidades indígenas saben desde hace milenios:
cuidar la naturaleza es rentable.
El medio ambiente genera valor: los datos lo demuestran
No es solo medio ambiente: es economía.
No es solo ética: es prudencia financiera.
Como recordó el comisario europeo Wopke Hoekstra, el verdadero riesgo para la competitividad es la inacción. Posponer las intervenciones hoy significa pagar muchísimo más mañana.

Agua limpia, polinización de cultivos, suelos fértiles, regulación del clima: estos servicios ecosistémicos son la base de la economía mundial. Sin embargo, no aparecen en los balances empresariales.
Y aun así, según el Banco Central Europeo:
Si la biodiversidad colapsa, colapsa todo el sistema económico.
El Banco Mundial advierte que la degradación de solo tres servicios —polinización, pesca y madera— podría provocar una pérdida de 2,7 billones de dólares de PIB para 2030.
Foreste per Sempre OdV lo observa desde hace más de treinta años sobre el terreno:
cuando desaparece un bosque, no desaparecen solo árboles: desaparecen economías enteras.
El capital natural global está empeorando:
En este contexto, las Finanzas Éticas no son una opción “para idealistas”:
son la única estrategia de supervivencia económica y social.
Las instituciones financieras desempeñan hoy un papel decisivo para frenar la pérdida de biodiversidad.
No se trata solo de un principio moral: es un enorme riesgo financiero.
Ignorar la biodiversidad significa:
Por eso cada vez más inversores institucionales reconocen que la naturaleza es un activo estratégico, y que las Finanzas Éticas son el único modelo capaz de garantizar estabilidad a largo plazo.

La distribución global del capital no es uniforme. Está altamente concentrada y determina las decisiones económicas y ambientales del planeta.
Principales fondos soberanos (2025)
Entre los más influyentes del mundo:
Estos fondos garantizan estabilidad a sus países, pero también invierten en sectores con fuertes impactos ambientales.
Grandes gestores privados y hedge funds
Son los verdaderos “directores” de las finanzas globales:
Solo BlackRock gestiona más activos que la suma de los principales fondos soberanos.
Son los ahorros de toda una vida: fondos de pensiones, seguros y cuentas bancarias de millones de personas. Dinero acumulado para garantizar seguridad y futuro, que termina financiando la especulación, la destrucción ambiental, la explotación y los conflictos, muchas veces sin que sus legítimos propietarios sean conscientes o tengan la oportunidad de elegir.
Esta concentración implica que un reducido número de entidades privadas tiene la capacidad de influir significativamente en el clima, la agricultura, la energía y el desarrollo urbano a nivel global.
Las finanzas toman decisiones que afectan a todos, pero carecen de responsabilidad ante nadie. Modificar sus reglas no es una cuestión ideológica, sino una urgencia democrática.
Como organización que desde hace más de treinta años trabaja en la protección de los bosques tropicales —en Costa Rica, la Amazonía y Madagascar—, Foreste per Sempre OdV ve cada día las consecuencias de las finanzas especulativas y los efectos positivos de las finanzas éticas.
Invertir en la naturaleza significa:
Ha llegado el momento de reequilibrar la relación entre finanzas y vida.
El Planeta no puede quedar en manos de lógicas especulativas.
Un modelo de desarrollo basado en People – Planet – Profit no solo es posible: es necesario.
Million $ 1.000.000 $ (millón)
Billion $ 1.000.000.000 $ (mil millones)
Trillion $ 1.000.000.000.000 $ (billón)
