COP17 Yerevan

Cumbre de Biodiversidad COP17 en Armenia: un desafío sin precedentes

Del 19 al 30 de octubre de 2026, la ciudad de Ereván será la sede de la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Este encuentro marcará la primera revisión global de los avances del Marco de Kunming-Montreal y se llevará a cabo en un contexto de marcada escasez de financiación y creciente crisis climática.

¿Qué es y cuándo se realiza?

Ereván acoge del 19 al 30 de octubre de 2026 la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, una cumbre que reúne a unos 200 países bajo el lema Taking action for nature. Esta cita marca la primera revisión global del Marco de Kunming-Montreal, aprobado en 2022 con la meta de cumplir 23 objetivos antes de 2030 para frenar el deterioro ambiental, incluida la protección del 30% de la superficie terrestre y marina. Sin embargo, el balance preliminar revela un panorama preocupante: los gobiernos incumplen 22 de las 23 metas establecidas.

¿Por qué Armenia?

A pesar de su reducido territorio —con menos de 30.000 km²—, Armenia constituye un enclave estratégico para la biodiversidad en la región del Cáucaso, ya que alberga aproximadamente el 60% de su riqueza natural. En distancias muy breves, su geografía transiciona desde imponentes montañas y mesetas volcánicas hasta frondosos bosques, extensas estepas, humedales y singulares semidesiertos, donde cerca del 3% de la flora es de carácter endémico. Como reflejo de esta riqueza ecológica, la mariposa azul de Ereván (Polyommatus eriwanensis) ha sido adoptada como el emblema oficial de la COP17, un ecosistema que también protege a especies emblemáticas como el esquivo leopardo del Cáucaso (Panthera pardus ciscaucasica), el muflón armenio y el oso pardo.

Para el país representa además una dura advertencia: de acuerdo con EU4Environment, cada año se pierden cerca de 110 hectáreas de bosque a causa de la tala ilegal, el sobrepastoreo y la minería.

Todo se encuentra interconectado

El clima y la biodiversidad comparten un destino indisociable en la Tierra. A pesar de haber nacido de forma simultánea en la Cumbre de Río de 1992, las Convenciones de la ONU sobre biodiversidad y cambio climático han operado históricamente en esferas separadas. Hoy en día, la ciencia converge en una conclusión categórica: es imposible superar la crisis climática global sin proteger, con la misma determinación, la riqueza biológica del planeta.

El calentamiento global acelera la extinción de especies y la degradación ambiental, mientras que la destrucción de bosques y manglares libera grandes cantidades de CO₂, lo que intensifica la crisis climática. Tal como advirtió el taller conjunto del IPBES y el IPCC en 2021, si no abordamos estas crisis interconectadas de manera simultánea, comprometeremos irremediablemente el futuro de nuestro planeta.

Las soluciones basadas en la naturaleza —como los bosques, los humedales y los pastizales— representan una doble oportunidad crucial para potenciar la captura de carbono y preservar la biodiversidad. No obstante, es imperativo mantener una postura crítica frente a las falsas soluciones, tales como los monocultivos para biocombustibles o las plantaciones intensivas que amenazan los ecosistemas.

A pesar de su gran valor, es fundamental subrayar que las soluciones basadas en la naturaleza no sustituyen la urgente necesidad de abandonar los combustibles fósiles, sino que actúan como una herramienta complementaria e imprescindible para alcanzar las metas climáticas globales.

La transición ecológica pierde impulso

El Acuerdo de París establece la meta de limitar el incremento de la temperatura global muy por debajo de los 2 °C y aspira a no sobrepasar el umbral de 1,5 °C, apoyándose en contribuciones nacionales (NDC) de carácter voluntario que se actualizan cada lustro. No obstante, las políticas vigentes proyectan un escenario de calentamiento próximo a los 3 °C, al tiempo que las emisiones globales experimentaron un repunte del 2,3 % en 2024. Ante este panorama, un informe difundido por el PNUMA en septiembre de 2026 advierte que rebasar el límite crítico de 1,5 °C ya resulta inevitable.

La COP30 de Belém concluyó sin mencionar los combustibles fósiles, a pesar de la fuerte demanda de más de ochenta naciones, marcando además la primera ausencia de una delegación oficial de Estados Unidos, que se retiró del acuerdo. Un tercio de los países no procedió a la actualización de sus compromisos climáticos. En el frente europeo, el objetivo de reducir las emisiones en un 90% para 2040 fue ratificado, aunque acompañado de mayor flexibilidad, incluidos los créditos internacionales y el aplazamiento del ETS2 a 2028, en un contexto en el que la crisis energética sigue dominando la agenda política. La próxima cita global está fijada para la COP31 de Antalya, programada del 9 al 20 de noviembre.

¿Qué nos depara el futuro?

El trasfondo del asunto, tal como ocurre en Cali, gira en torno al dinero.

  • La UICN advierte que, de no acelerar el paso, las metas para 2030 serán inalcanzables. El principal obstáculo es la falta de financiación, ya que se requieren mayores recursos destinados a la conservación, la restauración, el desarrollo de capacidades y la cooperación internacional.
  • Para The Nature Conservancy, las prioridades son claras: acelerar el cumplimiento de las metas para 2030, reformar el sistema financiero, integrar la biodiversidad en el desarrollo de infraestructuras y fortalecer los marcos políticos. Pero, por encima de todo, resulta indispensable vincular de forma indisoluble la agenda climática con la protección de la naturaleza.
  • Revisión integral: los gobiernos deben definir su propósito y la manera en que articulará las estrategias nacionales.
  • Financiación: la meta de 20.000 millones de dólares anuales en fondos internacionales para 2025 se redujo a 16.100 millones, mientras que el objetivo de 200.000 millones anuales provenientes de todas las fuentes para 2030 se encuentra actualmente entre 75.000 y 92.000 millones (según la OCDE, con un promedio para el período 2023-2025). Ante la exigencia del Sur Global de crear un mecanismo financiero independiente y la preferencia del Norte por mantener el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), la decisión final ha quedado aplazada para el periodo comprendido entre la COP17 y la COP18.
  • El Fondo Cali, diseñado para exigir a las empresas el pago por el uso de información genética digital, continúa prácticamente desierto.

Un giro histórico resulta improbable; el verdadero éxito consistirá en lograr una decisión clara sobre la continuidad de la revisión y un avance definitivo en el mecanismo financiero.

El posicionamiento de Italia

Italia participa activamente a través del MASE, el MAECI y el ISPRA, impulsada por su Estrategia Nacional para la Biodiversidad al 2030. Asimismo, demuestra un fuerte compromiso con las nuevas generaciones mediante la iniciativa Youth4Climate, que ya respalda 200 proyectos en más de 50 países, a la espera de que se revele una postura negociadora oficial y detallada.

En febrero de 2025, Roma fue la sede de la continuación de la COP16, un evento que concluyó con un acuerdo clave sobre el mecanismo financiero. No obstante, el verdadero desafío para Italia radica en la aplicación práctica de lo pactado: a pesar de que su Estrategia Nacional para la Biodiversidad a 2030 se alinea formalmente con los 23 objetivos globales, el WWF advierte sobre la carencia de un plan operativo que cuente con los recursos económicos necesarios.

Un flanco especialmente sensible es el de la caza y, en concreto, el proyecto de ley 1552, que busca reformar la ley marco 157/1992 sobre la protección de la fauna silvestre. Esta iniciativa ya ha despertado la profunda preocupación de la Comisión Europea, que alberga serias dudas sobre su compatibilidad con las directivas comunitarias de «Aves» y «Hábitats». Por su parte, las organizaciones ecologistas exigen su retirada inmediata ante el riesgo inminente de que la Unión Europea abra un nuevo procedimiento de infracción. Se trata de un asunto crítico que no solo pone en peligro la conservación de la biodiversidad, sino que también debilita la reputación internacional de Italia, incluso en escenarios globales como el de Ereván.

Italia se sitúa entre los países europeos más vulnerables frente al cambio climático y se encuentra, lamentablemente, lejos de cumplir con los Acuerdos de París y con las metas fijadas por la Unión Europea para 2035 y 2040. Aún persisten graves deficiencias en la reducción de emisiones, en las estrategias de adaptación y en el volumen de inversiones sostenibles. En este contexto, la cumbre de Ereván se perfila como una cita crucial para evaluar la posible asignación de nuevos recursos y definir la postura que adoptará el país ante los mecanismos de financiación global.

En conclusión

Ereván no acaparará los titulares como Belém, pero es en este escenario donde se decide si los gobiernos lograrán los fondos y mecanismos necesarios para convertir 23 ambiciosos objetivos en acciones reales, o si el año 2030 quedará reducido a una mera fecha sobre el papel.

La verdadera oportunidad radica en comprender que el clima y la biodiversidad forman parte de una misma batalla. Más de la mitad de la economía global depende directamente de ecosistemas saludables. Ereván tiene en sus manos la posibilidad histórica de transformar las promesas en realidades tangibles, o convertirse en un nuevo capítulo de oportunidades desaprovechadas. El punto de inflexión dependerá exclusivamente de la financiación estratégica, la coherencia en las políticas y la auténtica voluntad política.

COP-17 Official website